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  • Foto del escritorMarta Cuba

El que tenga oídos, que oiga


Icono bizantino del encuentro entre Cristo resucitado y María de Magdala

A partir del análisis del icono de la Natividad iniciado en nuestra anterior entrada, nos gustaría enlazarlo con el del anuncio de la Resurrección a María Magdalena, a la vista están los elementos que se repiten en ambas pinturas, pues así también los significados se entrelazan como en una madeja de oro. La montaña cubierta por el vergel no sólo es origen y fuente divina sino que también es destino. De ella procede y a ella vuelve Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado.


La figura de María Magdalena tiene un papel importante en los Evangelios y en la vida de Cristo: es la primera en recibir el anuncio de la Resurrección y es en sí misma símbolo del Amor total a Jesús. Es legítimo pensar que entre Magdalena y Jesús hubo una relación particularmente fuerte, y no solamente como discípula más aventajada, que sin duda lo fue. Denominada por Santo Tomás de Aquino como "la apóstol de los apóstoles", María Magdalena es la primera testigo y evangelizadora de la Resurrección.


14 Apenas dijo esto, volvió la cara y vio allí a Jesús, pero no sabía que era él. 15 Jesús le preguntó: —Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el que cuidaba el huerto, le dijo: —Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto, para que yo vaya a buscarlo. 16 Jesús entonces le dijo: —¡María! Ella se volvió y le dijo en hebreo: —¡Rabuni! (que quiere decir: «Maestro»). 17 Jesús le dijo: —No me retengas, porque todavía no he ido a reunirme con mi Padre. Pero ve y di a mis hermanos que voy a reunirme con el que es mi Padre y Padre de ustedes, mi Dios y Dios de ustedes. 18 Entonces María Magdalena fue y contó a los discípulos que había visto al Señor, y también les contó lo que él le había dicho. Juan 20: 14-18

Precioso pasaje bíblico en el que no solo se da, por primera vez, validez al testimonio de una mujer, sino que también nos hace ver que, de entre todos los discípulos de Jesús, María de Magdala habría sido la más aventajada, ella es la primera en verlo resucitado, y a diferencia de otros que necesitaron poner sus dedos en las llagas para creer, María Magdalena no necesita ver ni tocar para creer, pues ella reconoce a Jesús por su palabra.

el que tenga oídos, que oiga Mateo, 13:19

María Magdalena tuvo oídos, y por eso no necesitó de los ojos carnales para ver, ni de las manos de carne para tocar. Una de las cosas que llama la atención de la pintura es precisamente que no se toquen, pues la traducción al latín de la Vulgata utilizó la expresión "Noli me tangere" (no me toques), mientras la versión griega original hacía alusión a una acción que perdura en el tiempo, la cual se tradujo por "no me retengas". En cualquier caso, la palabra tocar es ciertamente apropiada, pues María Magdalena toca a Jesús resucitado con su cuerpo de espíritu (más bien es Jesús quien la toca a ella, en la pintura, es la mano de él la que roza su cuerpo de espíritu o nimbo). Magdalena es la única con capacidad para retenerlo, la más próxima de sus discípulos y la primera en dar testimonio del segundo nacimiento de Jesús; del primero había sido receptáculo la Virgen María, del segundo, María Magdalena. El manto rojo sobre el que reposaba la Virgen María en la Natividad es ahora el que cubre a ésta otra María; detrás de las dos se encontraba y se encuentra la cueva-gruta-cuna-sepulcro. Las vendas que cubrieron a Jesús-Niño en su Encarnación primera son las mismas que lo liberan de su cuerpo físico en su segundo nacimiento: aquel que nace del Espíritu.


Adán habría sido el primer hortelano en el jardín de Edén; Jesucristo, el nuevo Adán, es confundido con un jardinero antes de ascender a los cielos. El huerto de María Magdalena es también un jardín cerrado, símbolo del jardín amurallado de Edén, en él podemos ver un olivo, en alusión al huerto de los olivos donde Jesucristo se retira a orar. En el huerto de Getsemaní Jesucristo acostumbra a reunirse con sus discípulos a orar, es el lugar donde un ángel lo consuela ante la tristeza agónica que lo invade horas antes de ser arrestado para ser conducido a la muerte y posterior resurrección. El Misterio Pascual incluye la Muerte y la Resurrección como dos momentos inseparables. Antes de su muerte y después de su resurrección Jesús aparece vinculado al huerto. María Magdalena es testigo de este segundo huerto, previo al ascenso a los cielos. Pero cuando María manifiesta: "¡He visto al Señor y ha dicho esto!”, no la creen en absoluto. Dicen: “¡Son cosas de mujeres y delirios de su mente!”. Para quienes así reaccionaron, el amor no había roto todavía los muros de lo lógico y razonable. Lo imposible y absurdo, por el Amor, se hace realidad. María Magdalena no tuvo prejuicios, despojada del ropaje de "lo que debe ser" tuvo la capacidad para superar la débil lógica humana.

Miel virgen destilan tus labios, esposa mía, Miel y leche hay debajo de tu lengua, Y la fragancia de tus vestidos es como la fragancia del Líbano. Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía, Huerto cerrado, fuente sellada. Tus renuevos son paraíso de granados, Con frutas escogidas, alheña y nardos,  Cantares 4:11-13

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