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  • Foto del escritorMarta Cuba

Velo


Se conoce como efecto Rashomon a ese fenómeno de la mente que nos puede hacer pasar como mentirosos, y en efecto muchas personas mienten sin saber que lo hacen. Cada uno cuenta la fiesta en función de cómo le ha ido (o como le gustaría que le hubiera ido) y no se sabe si los hechos han sido así en realidad, porque todas las versiones son razonablemente posibles. Todos tenemos versiones distintas de un determinado acontecimiento, pues todos vivimos sometidos a nuestra particular subjetividad y la única manera de liberarnos mínimamente de ella es precisamente comprendiendo la subjetividad del otro, pues no somos tan especiales como para que nos sucedan cosas diferentes a las que le suceden al otro.

El nombre procede de una palabra en japonés que designó a la, en su momento, más grande puerta de Kioto, pero que, venida a menos, terminó por convertirse en un símbolo de la decadencia y que dió nombre a una novela de Ryonosuke Akutagawa, la cual a su vez dió lugar a una maravillosa película filmada por Akira Kurosawa. Sin duda una de esas películas eternas, absoluta obra maestra.

No se si es que, por ser la hermana mediana, he vivido siempre acostumbrada a escuchar dos versiones diferentes y opuestas de un mismo acontecimiento, quizás por eso me gusta tanto esta película. Teníamos además, entre los hermanos, un juego muy particular que habíamos ideado para evitar conflictos, el juego llevaba por título “JUICIO DE JUEGOS”. Puede que sea esa la clave para que esta película me haya maravillado tanto.








Cuando arranca esta escena solo pienso en volver a pasar por ese bosque una y otra vez, en bucle infinito. Y para colmo la acción retrocede cuatro veces en el tiempo para regodearte y escuchar a los implicados contar el mismo hecho desde sus diferentes perspectivas. Son 4 versiones diferentes de un crimen, incluida la de la propia víctima. Todas las versiones son contradictorias, ¿todos mienten?, o ¿todos hablan de otra verdad diferente a la que busca el juez?

Las historias que se narran en cualquier creación nos ayudan a comprender nuestra propia historia y también la de los pueblos. Al comprender la historia, las divisiones entre presente, pasado y futuro se diluyen, pues a menudo algo que no se ha comprendido en el pasado no deja de repetirse en el presente y también en el futuro. Lo que hace avanzar a los pueblos y a las personas no es el tiempo, sino la comprensión de lo sucedido. La vida es como un libro, o una película, leerla o descodificarla no es lo mismo que comprenderla.

Esto conecta particularmente con la cualidad profética de comprensión y visión del futuro, el profeta conoce el pasado y el futuro de las obras del Eterno en el mundo, lo percibe actuando por medio de atributos particulares. El modo de percepción de un profeta es diferente a la percepción habitual del hombre, pues es una cognición que no está sujeta a dudas, no necesita de reflexión ni de comprobación, es una cognición directa, la que corresponde a lo que Rene Guénon denominó “intuición intelectual” .


La Biblia es quizás el libro (por no decir conjunto de libros) más eterno que haya generado la humanidad, y también por ello el que mejores recursos de comprensión de la realidad nos ofrece, ya no de la historia individual ni de los pueblos, sino de la humanidad entera.

El profeta conoce lo Eterno en el mundo percibiéndolo a través de atributos particulares, es decir, de circunstancias arraigadas con la realidad del tiempo que le tocó vivir. Para conocer lo eterno es necesario por tanto profundizar en lo más limitado, efímero y condicional (o mortal) del ser humano. Toda revelación de Dios supone un compromiso radical con las limitaciones humanas. Estos límites del hombre serán también los que se reflejarán en la encarnación de Jesús. 



13 ¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; 14 cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.

Santiago 4,13-16





Quizás por eso la niebla dé a la realidad y a las imágenes siempre un aspecto tan místico, pues hace patente la necesidad del velo, o de la subjetividad, ambas son a la vez una esclavitud y un motivo para tratar de mirar mejor, los límites de nuestra visión nos impulsan a mirar más allá.


Velo de hipocresía, velo de rectitud: en el primer caso, el velo es opaco y disimula; en el segundo, es transparente y comunica. La «caída del velo» (zawâl el-hijâb) es, en el primer caso, el rechazo de la hipocresía; en el segundo, es el abandono del esfuerzo, o más bien el olvido del símbolo, gracias a la presencia liberadora de lo Real.


Frithjof Schuon

En psicoanálisis, Lacan habló del «atravesamiento del fantasma», esto es también darse cuenta de que, precisamente, cuando uno está programado para gozar de un cierto modo, tiene fijaciones, y también la posibilidad de abrirlas (el velo son también las puertas). Su programa de goce está encarnado, implementado en el fantasma. Una vez que se explora suficientemente este programa, que se ha podido leer la escritura de este programa, uno puede utilizarlo para pasarse de él y estar más abierto a las contingencias efectivas de su vida. Entonces, la decisión de deshacerse, de tomar la apuesta, de entrar en algo sin garantías, sin la garantía del programa de goce… más que un instante, es un proceso, más que un velo, son 70.000.



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