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María Magdalena

Viaje de María Magdalena a Marsella. Giotto (1304-1306)

A partir de la tesis defendida por Ramón K. Jusino M.A. en un artículo de 1998 titulado Mary Magdalene: author of the Fourth Gospel? analizaremos la importancia de la figura de María Magdalena y sus implicaciones teológicas en el Cuarto Evangelio.


RESUMEN Jusino defiende la tesis de la autoría de María Magdalena del Cuarto Evangelio, aunque no de manera directa, si al menos la inspiración y tradición oral a partir de la cual se originó el texto. María Magdalena habría de identificarse, según este autor, con el «discípulo a quien Jesús amaba», el cual se presenta como autor del Evangelio de Juan​ y que ha sido tradicionalmente identificado con el apóstol Juan; la teoría se fundamenta en la posible existencia de una tradición pre-canónica del Cuarto Evangelio en donde se habría identificado al Discípulo que Jesús más amaba con María Magdalena. Las evidencias sobre las que Jusino justifica su tesis se encuentran en los textos de las escrituras Cristianas Gnósticas de la Biblioteca de Nag Hammadi (descubiertos en 1945) y en el propio texto del Cuarto Evangelio. Además, se basa también en la investigación de la Comunidad Joánica hecha por Raymond E. Brown, primer erudito bíblico Católico en los Estados Unidos.

Según Jusino, María Magdalena habría sido identificada como la discípula amada en una versión pre-canónica del evangelio de Juan, y más tarde, líderes masculinos emergentes en la comunidad joánica habrían tratado de oscurecer este dato escandaloso. El autor fundamenta su tesis en la evidencia externa de algunos evangelios apócrifos provenientes de la llamada Biblioteca de Nag Hammadi. En especial, cita el Evangelio de Felipe y el Evangelio de María (Magdalena). En los textos citados, Jusino destaca que María Magdalena es nombrada como “la discípula a quien Jesús amaba” y que era, según estas tradiciones, poseedora de conocimientos íntimos de la persona de Jesús y de su mensaje, que quedaban fuera del alcance del grupo de los Doce. Según las conclusiones de este autor, la tradición de la escuela joánica se habría originado a partir del testimonio ocular de un seguidor de Jesús que lo habría conocido personalmente y también habría estado en el grupo original de la comunidad joánica. A partir de esta tradición oral se habría formado la primera versión ante-canónica en donde el Discípulo Amado estaría identificado con María Magdalena, posteriormente se habría producido un cisma en el interior de la comunidad por el cual, el grupo de los secesionistas (Docetistas, Montanistas, y Gnósticos) se habrían separado del grupo más propiamente ortodoxo, los cristianos Apostólicos. Posteriormente, la redacción final del texto del Cuarto Evangelio se habría producido tras la muerte del Discípulo Amado, tomando como referencia los textos pre-canónicos originarios, en donde este discípulo estaba identificado con María Magdalena, pero estas identificaciones habrían sido eliminadas para posibilitar su aceptación canónica ortodoxa.


Brown observó que existen “evidencias abundantes de la familiaridad con las ideas Joánicas” en las escrituras Gnósticas de Nag Hammadi. Había obviamente mucho contacto entre la comunidad joánica y los grupos Gnósticos más tempranos. Por lo tanto, la teoría de Jusino argumenta que no puede ser una mera coincidencia que las escrituras Gnósticas citen a María Magdalena como “la discípula que Jesús quería más”, de igual manera que el discípulo anónimo masculino se cite como tal en el Cuarto Evangelio. Las semejanzas son muy obvias como para rechazar una posible relación. La posibilidad de descubrir la labor de ocultamiento que el redactor final del Cuarto Evangelio habría realizado para hacer desaparecer todo vestigio de la identificación original de María Magdalena como la discípula amada, debe ser demostrable a partir del estudio de los textos en los que el Discípulo Amado aparece. Jusino entiende que el redactor, en la mayor parte de los textos, borra el nombre de María Magdalena y los sustituye por el de “discípulo amado”. Sin embargo esta teoría funciona solamente en los textos en los que el Discípulo Amado aparece solo. Pero ¿qué decir de los textos en que María Magdalena y el Discípulo Amado aparecen juntos? Esto ocurre al pie de la cruz (Jn 29,15-17) y junto al sepulcro vacío la mañana del domingo de Resurrección (Jn 20,1-11).

Jusino se dedica entonces a revisar las inconsistencias estructurales de estos dos relatos. En el primer relato, la súbita aparición del Discípulo Amado, allí donde solamente habían sido mencionadas las mujeres, llama la atención. En el segundo texto, el de la Resurrección, Jusino señala que no hay explicación ninguna en el texto canónico de en qué momento María Magdalena, que había abandonado el sepulcro para ir a avisar a Pedro y “al otro discípulo” del acontecimiento de la Resurrección, regresa para reaparecer sentada junto al sepulcro vacío, sin que se nos explique cuándo ni por qué llegó.

Jusino sostiene que tales inconsistencias dan cuenta de una mano redaccional que habría modificado el texto. Tal modificación, y éste es el punto medular de lo que sostiene, habría sido realizada para hacer aceptable el evangelio a la iglesia apostólica, lo que conllevó la necesidad de desaparecer a María Magdalena como la fundadora de la comunidad joánica.


TESIS PERSONAL

Resulta hoy incuestionable la huella que dejó María Magdalena en la memoria cristiana de los primeros siglos, de lo cual hay en los 4 Evangelios canónicos suficientes referencias, María es testigo ocular de la crucifixión en 3 de los evangelistas (Mc 15,40; Mt 27,56; Jn 19,25), Marcos y Mateo también agregan que ella observó el entierro de Jesús (Mc 15,47; Mt 27,61), fue la primera testigo de la Resurrección según una tradición en la que concuerdan los 4 evangelistas (Mt 28,1-5; Jn 20,1-2; Mc 16,1-5; Lc 24,1-10). También debe notarse que, similar a la designación dada a algunos hombres, como Jesús de Nazaret (Mc 16,6) y José de Arimatea (Mc 15,43; Jn 19,38), la segunda parte de su nombre, Magdalena, señala su lugar de origen, la ciudad de Magdala, ubicada en la orilla occidental del Mar de Galilea al norte de Tiberíades. La identificación de una mujer por su lugar de origen era bastante rara en el judaísmo de la época. Más común era una designación relacional con respecto a otro miembro de la familia, como un padre (Mc 6,22; Lc 2,36) o un esposo (Mt 1,6; Lc 8,3; Jn 19,25). La ausencia de tal término relacional para esta María sugiere que no era ni una joven bajo la tutela directa de su padre ni una mujer casada responsable ante su marido. Que María Magdalena haya sido citada por los cuatro evangelistas como la primera testigo de la Resurrección y la que recibió el mandato apostólico de anunciar a los otros discípulos que Jesús estaba vivo, es más que una prueba clara del papel privilegiado de liderazgo que María Magdalena debió jugar en la iglesia primitiva, la importancia de su rol fue imposible de ocultar o negar. En el Cuarto Evangelio se incluye, además, el pasaje en el que María protagoniza el primer encuentro con el Resucitado (Jn 20, 11-18). El Cuarto Evangelio transmite una tradición que presenta a María como la primera persona que ve al Resucitado, esto implica que efectivamente había un público receptivo a la idea: existía una rama del cristianismo en la que la mujer era mejor considerada que en otras. Y esa rama además, fue integrada en el canon y en la ortodoxia cristiana, en el plano espiritual, el único por cierto del que se ocupan los Textos Sagrados (para las cuestiones ideológicas, políticas o de género ya hay otro tipo de textos).


Sin embargo, y aquí es donde discrepo con las conclusiones de Jusino, la existencia del Cuarto Evangelio tal y como está redactado, sin alusiones directas a la autoría de María Magdalena e identificando el origen de esta tradición a través del apelativo de “el discípulo amado”, es una prueba que demuestra el afán por preservar la importancia de esta figura de María, directamente derivada de la predicación de Jesús. Al revés de lo que plantea Jusino, considero que la inclusión del Cuarto Evangelio en el canon bíblico es una prueba de que en el siglo I hubo un mayor número de fuerzas intelectuales con capacidad para comprender, preservar y transmitir, en profundidad, la importancia de lo que simboliza María Magdalena, muchas más de las que hoy existen. Y ello debe hacernos ver más bien la evidencia de un retroceso intelectual, que queda patente, no solo en el afán por negar la importancia de esta figura, sino también en el empeño por anteponer las cuestiones materiales sobre las espirituales. Es importante recordar que la función de transmisión espiritual de los Textos Sagrados está estrechamente vinculada con el plano superior del Ser, mientras que las cuestiones políticas, ideológicas o de género, pertenecen al plano de la existencia, sin duda hay relación entre estos dos planos, pero no deberían confundirse. Los prejuicios ideológicos, como los de género existen hoy como también existían en el siglo I, la predicación de Jesús es uno de los mejores ejemplos para poder comprender cómo es posible llegar a superar esos prejuicios, y los Textos Sagrados el mejor registro que de ello nos han legado las generaciones pasadas. No resulta muy creíble que los motivos por los cuales el Cuarto Evangelio haya sido considerado Escritura Sagrada, tengan más que ver con cuestiones de género que con cuestiones espirituales. Desde luego, la actualidad está plagada de teorías modernas que tratan de incluir motivos ideológicos, políticos o de género en las razones últimas por las cuales considerar Sagradas a las Escrituras Bíblicas; aunque la tesis de Jusino es ampliamante rechazada, sin embargo son muy valoradas y aceptadas otras tesis que utilizan el mismo tipo de argumentación.


Cuarto Evangelio

El valor del testimonio de la comunidad joánica reflejado en al Cuarto Evangelio, incluido en el canon bíblico y aceptado por la ortodoxia cristiana es una evidencia clara de que todas las diferencias que este Evangelio recoge con respecto a los Evangelios sinópticos, tanto en su estructura y sensibilidad como en su forma y en su fondo, se encuentran plenamente aceptadas y sin contradicción con la otra fuente principal de la que provienen los 3 evangelios de Lucas, Marcos y Mateo. Cuando el Cuarto Evangelio narra un hecho que también aparece en los otros tres, es evidente que lo hace de una manera diferente, mucho más libre, y con un estilo metafórico y profundo, el cual es posible que tenga más paralelismos con la manera en la que Jesús solía comunicarse a través de parábolas, las cuales no siempre eran comprendidas por sus discípulos. Por otra parte, tampoco la Iglesia ha podido constatar que los autores de los sinópticos hayan sido Marcos, Mateo y Lucas, lo que sí queda claro es que las fuentes de las que proceden los 4 Evangelios han sido recogidas en el canon bíblico y que el concepto de autoría que existía en la época poco o nada tiene que ver con nuestro concepto de autoría. Que los nombres de los evangelistas hayan sido Marcos, Mateo, Lucas y Juan, tenga probablemente otras razones de ser bien diferentes a las que nuestra mentalidad actual comprende bajo la denominación de “autoría”. Nuestros prejuicios modernos tienden a identificar al “autor” como a una persona con más prestigio que el “no-autor” sin embargo, esto no necesariamente era así en la Antigüedad, deberíamos recordar que grandes maestros como Buda, Lao Tse o Jesús no escribieron nada, algo del todo imposible en nuestra época. La función de escritor estaba, probablemente, más asociada a la necesidad de tratar de comprender y transmitir el mensaje recibido de forma oral, por lo que resulta más probable que la escritura representara un nivel inferior, por debajo al de aquel que tenía la capacidad para comprender el mensaje directamente, en el plano oral, tal como hizo Jesús. Que los nombres de estos autores sean todos masculinos no debería hacernos pensar que el nivel inferior estuviera reservado a lo femenino, más bien al revés, el nivel superior fue el que Jesús simbolizó, él nunca escribió nada, y su mensaje estuvo en plena concordancia con la defensa del principio femenino, ese por el cual la Ley vino a ser comprendida y superada por el Amor. Por tanto, para tratar de comprender el contexto en el que surgieron me gustaría traer de nuevo las palabras de A.K. Coomaraswamy:

El hecho de que las obras de arte tradicional, ya sean cristianas, orientales o folklóricas, casi nunca estén firmadas, no es atribuible a un accidente debido al tiempo, sino que es así en conformodidad con un concepto rector del significado de la vida, cuya meta está implícita en el Vivo autem jam non ego de San Pablo: el artista es anónimo o, si ha sobrevivido un nombre, nosotros sabemos poco o nada del hombre. En las artes tradicionales lo que nos interesa no es nunca Quién dijo, sino sólo Qué se dijo: porque “todo lo que es verdadero, quienquiera que lo haya dicho, tiene su origen en el Espíritu” (San Ambrosio sobre I Corintios 12:3).

Si algún motivo existe para que los textos canónicos de la Biblia hayan sobrepasado con mucho los límites de las contingencias histórico-políticas-geográficas de la existencia humana, es precisamente porque han podido trascender estas cuestiones. La capacidad que han demostrado para seguir hablando de lo más esencial del ser humano a lo largo de los siglos, de seguir engendrando y fructificando conocimiento de forma infinita, no debería ser ignorada tan fácilmente. Si algo los diferencia de otros textos, y los ha convertido precisamente en Escrituras Sagradas, es que han tenido su origen en el Espíritu.

Quizás, los estudios que podrían aportar algo más de luz sobre las preocupaciones ideológicas o políticas, tan típicamente modernas, serían aquellos que investiguen los verdaderos motivos por los que unos textos han sido considerados Sagrados y otros no.


María Magdalena

Una de las primeras cuestiones sobre las que nos hace reflexionar el artículo de Jusino es acerca de la total inversión con respecto a la comprensión de esta figura femenina, ¿en qué momento María Magdalena ha pasado de ser exaltada por su función de liderazgo dentro del discipulado de Cristo en las primeras comunidades, a ser considerada la prostituta más famosa del mundo, exaltando así su papel de pecadora arrepentida? Jusino nos recuerda que efectivamente, no hay en la Biblia ninguna referencia explícita que diga que María Magdalena hubiera sido prostituta en algún momento de su vida. La única referencia explícita a los pecados de María Magdalena está en Lucas 8,1-2:

Poco después, Jesús comenzó a recorrer las ciudades y aldeas, proclamando y anunciando las buenas nuevas del reino de Dios. Con Él iban los doce discípulos, y también algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios

Algunos han querido identificar a las mujeres pecadoras que aparecen en Lc 7, 36-50 y en Jn 8,1-11 con María Magdalena, pero lo cierto es que no existen referencias explícitas, quizás haya sido necesario vincularla con estas mujeres pecadoras para hacer más comprensible su figura. Los motivos por los cuales se han querido ver pecados de tipo sexual en María Magdalena, seguramente tengan más que ver con los pecados de quienes han preferido dicha selección y no otra. El caso es que el registro acerca de los pecados cometidos por los discípulos varones de Cristo es bastante más abundante que el que se hace de María Magdalena, sin ir más lejos, la triple negación que hace Pedro de Jesús, o el hecho de que todos (a excepción del Discípulo Amado y de María Magdalena) lo hubieran abandonado en las horas de mayor sufrimiento en la cruz, o incluso el propio reconocimiento de Pablo como acérrimo perseguidor de cristianos. Jesús escoge al más pecador de los apóstoles, a Pedro, para “apacentar al rebaño” . En ningún caso esos pecados podrían haber sido impedimento para reconocer la relevancia e importancia de su función, más bien todo lo contrario. De ello además, deja constancia la tradición del Cuarto Evangelio: 

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad. (1Jn 1,8-10)

Llaman mucho la atención, sin embargo, los desesperados intentos que se hacen, por parte de muchos teólogos hoy en día, por disminuir la importancia de María Magdalena, prejuicios que parecen esfumarse cuando se trata de interpretar la importancia del Discípulo Amado. Como ejemplo algunas de las afirmaciones que hace Ariel Álvarez Valdés sobre las incorrectas interpretaciones de María Magdalena al encontrarse con Jesús (recogidas en este artículo). Según este autor María confunde e interpreta mal el sentido de la tumba vacía porque cree que han robado el cadáver, también cree que interpreta mal cuando lo confunde con un jardinero, o cuando tiene que “darse la vuelta” para poder encontrarse con Jesús. Tiene la osadía de considerar a María Magdalena (la persona que escoge Jesucristo como primer testigo presencial de su Resurrección) ignorante, tan solo por dirigirse a Jesús llamándolo “maestro” y pensar (es evidente que quien lo piensa es este autor, no María) que Jesús regresaría a la tierra y volvería a ser su maestro como antes. También cree que Jesús reprende a María por tocarlo y por creer que él se quedará en la tierra para siempre como una aparición. Probablemente no sería suficiente con recordarle a este autor que María Magdalena, por ser la discípula que escogió Jesús para aparecer Resucitado, tiene bastantes cualidades para ser considerada la Discípula Amada de Jesús, ni con ese recordatorio parece posible que algunos puedan liberarse de prejuicios. Algo muy parecido le sucedió a Pedro en Juan 21,22 cuando no comprende la cercanía del Discípulo Amado con Jesús y éste le dice: “Si yo quiero que él se quede hasta que yo venga, ¿a ti, qué? Tú, sígueme.” 


La ignorancia que se trasluce en estas interpretaciones tan descabelladas de cómo entiende María su encuentro con el Resucitado son verdaderamente una prueba de como los prejuicios de género son un rígido impedimento para acceder al plano espiritual. Con ello se demuestra que el misterio que encierra la comprensión del simbolismo de María Magdalena es de una profundidad tal que no puede ser mostrado a la luz, este misterio parece encontrarse mucho mejor protegido a través de la figura del Discípulo Amado, pues es evidente que los prejuicios intelectuales impiden la comprensión de una figura, que en su profundidad, se acerca más a la profundidad de Cristo.


El Discípulo Amado La existencia de conflictos y rivalidades entre las dos comunidades representadas, por Pedro y el Discípulo Amado (o la comunidad joánica) probablemente tengan su reflejo en la inclinación de la comunidad de Pedro a no dejar espacio a las mujeres, pero si nos fijamos en la situación actual de la Iglesia lo que podemos observar es que nada de la cerración de la comunidad de Pedro ha mejorado con respecto al espacio de las mujeres en la jerarquía eclesiástica, por tanto, si en aquella época había dos comunidades en conflicto en relación a la función preponderante de las mujeres, hoy no queda ya rastro ni siquiera de la posibilidad de entrar en conflicto por esta cuestión. Sin embargo, las claves para superar estas limitaciones se encuentran en el Cuarto Evangelio, para quien tenga la capacidad de verlas, claro.


Los misterios que encierra la figura del Discípulo Amado son de una profundidad simbólica tan rica que nos sirven para poder comprender mejor la figura de María Magdalena y para trascender los prejuicios ideológicos, políticos o de género que sin duda han existido en el siglo I como en la época actual. Dejamos aquí el enlace al artículo en el que profundizamos en estas características del Discípulo Amado.



Referencias

  1. Lugo Rodríguez Raúl. María Magdalena, la hipótesis de Jusino [en línea] Disponible en https://raulugo.indignacion.org.mx/archivos/348 [Consulta: 5 de marzo de 2024]

  2. Coomaraswamy, Ananda K. (1983) Sobre la doctrina tradicional del Arte. Ed. José J. de Olañeta, Palma de Mallorca.

  3. Sarasa Luis Guillermo. Una indicación exegética sobre el Discípulo Amado como un prototipo [en línea] Disponible en http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-36492008000100010#nu8 [Consulta: 10 de marzo de 2024]

  4. Piñero Antonio. La función de María Magdalena en el Evangelio de Juan. La posición de Ariel Álvarez Valdés (164-25. [en línea] Disponible en La función de María Magdalena en el Evangelio de Juan. La posición de Ariel Álvarez Valdés (164-25) (tendencias21.es) [Consulta: 6 de marzo de 2024]

  5. García Helder Gerardo. El discípulo amado II [en línea] Disponible https://www.youtube.com/watch?v=Y9bMB2d2k1E&t=12s [Consulta: 14 de marzo de 2024]

  6. Magnin Lucas. Características de un Discípulo amado por Jesús [en línea] Disponible https://www.youtube.com/watch?v=KTHye3z47zs [Consulta: 15 de marzo de 2024]

  7. Picaza Xavier. Juan Evangelista: Discípulo Amado, primer “teólogo” de Navidad… [en línea] Disponible 27.12.22. Juan Evangelista: Discípulo Amado, primer “teólogo”de Navidad (religiondigital.org) [Consulta: 15 de marzo de 2024]

  8. Fontana Gonzalo y Andrade Gabriel. Conversa sobre el Evangelio de Juan [en línea] Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=UZvdrM67eXk&t=2415s [Consulta: 20 de marzo de 2024]



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