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  • Foto del escritorMarta Cuba

Eros y Psique

“Mira, haz todas las cosas según el modelo que se te ha mostrado en el monte”

Éxodo, 25:40

“Ya me doy cuenta de que por el solo nombre de Venus muero. Pero llevadme al monte, que tengo prisa por afrontar estas felices nupcias y por conocer a mi marido.” Eros y Psique en el Asno de Oro, de Apuleyo.



Psique siendo transportada a la montaña. Parte de una serie de grabados sobre el mito de Eros y Psique, realizados por Michiel van Coxcie, Maestro Del Dado y  Raffaello Sanzio.

Lo que implica la contemplación es elevar nuestro nivel de referencia desde lo empírico a lo ideal, desde la observación a la visión, desde lo pasivo a lo activo, desde Psique a Eros. Cuando el hombre se identifica con el ego psicofísico se vuelve pasivo, pues el cuerpo y la mente no son el hombre, sino solo su instrumento y su vehículo. Las cosas mortales son el medio para llegar a conocer las inmortales. Como nos recuerda A. K. Coomaraswamy: Su silencio solo puede conocerse por Su palabra. La constitución del hombre no es una democracia, sino la jerarquía del cuerpo, el alma y el espíritu. Para hablar de la realidad última, no tenemos ningún otro lenguaje más que el simbólico, un ejemplo de ello es el mito de Eros y Psique narrado por el africano Apuleyo en el Asno de oro (s. II). Psique, como Hércules, debe completar una serie de trabajos o pruebas iniciáticas con las que conquistar su condición divina, esa que Platón expresa así:


Eros, él es quien nos vacía de extrañamiento y nos llena de intimidad, el que hace que se celebren en mutua compañía todas las reuniones como la presente, y en las fiestas, en los coros y en los sacrificios resulta nuestro guía; nos otorga mansedumbre y nos quita aspereza; dispuesto a dar cordialidad, nunca a dar hostilidad; es propicio y amable; contemplado por los sabios, admirado por los dioses; codiciado por los que no lo poseen, digna adquisición de los que lo poseen mucho; padre de la molicie, de la delicadeza, de la voluptuosidad, de las gracias, del deseo y de la nostalgia; cuidadoso de los buenos, despreocupado de los malos; en la fatiga, en el miedo, en la nostalgia, en la palabra es el mejor piloto, defensor, camarada y salvador; gloria de todos, dioses y hombres; el más hermoso y mejor guía, al que debe seguir en su cortejo todo hombre, cantando bellamente en su honor y participando en la oda que Eros entona y con la que encanta la mente de todos los dioses y de todos los hombres. (Platón, Banquete, 197 c-e).
Texto extraido del “Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos” de Federico González Frias. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza 2013.

Y como nos recuerda Gustave Thibon, el hombre es libre en la exacta medida en que depende de lo que ama, es cautivo en la exacta medida en que depende de lo que no puede amar. Todo fue creado para estar en unidad. Los átomos fueron creados para formar moléculas y los ángeles para formar coros.

En la roca más alta del monte, rey, coloca a tu hija Para una boda funeraria vestida y adornada. Y no esperes un yerno de estirpe mortal nacido, Sino cruel, malo como una serpiente y fiero, Que a todos atormenta volando por el cielo, todo debilita a sangre y fuego, por quien tiembla el propio Júpiter, y las divinidades, y los ríos, y las tinieblas Estigias

El mito de Eros y Psique dió lugar al cuento de la Bella y la Bestia, y tal como nos recuerda A. K. Coomaraswamy, no hay ningún juego tradicional, ni ninguna forma de atletismo, ni ningún tipo de cuento de hadas que pueda llamarse propiamente así (es decir, exceptuando a aquellos que no reflejan nada más que las fantasías de literatos individuales, lo cual constituye un fenómeno puramente moderno), ni ningún tipo de juglaría tradicional que no sea, al mismo tiempo que un entretenimiento, la incorporación de una doctrina metafísica.


Psique abriendo la caja de oro (1903), de John William Waterhouse.

Caronte y Psique (1890), de Spencer Stanhope

El hecho de que las obras de arte tradicional, ya sean cristianas, orientales o folklóricas, casi nunca estén firmadas, no es atribuible a un accidente debido al tiempo, sino que es así en conformodidad con un concepto rector del significado de la vida, cuya meta está implícita en el Vivo autem jam non ego de San Pablo: el artista es anónimo o, si ha sobrevivido un nombre, nosotros sabemos poco o nada del hombre. En las artes tradicionales lo que nos interesa no es nunca Quién dijo, sino sólo Qué se dijo: porque “todo lo que es verdadero, quienquiera que lo haya dicho, tiene su origen en el Espíritu” (San Ambrosio sobre I Corintios 12:3)

A.K. Coomaraswamy


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