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  • Foto del escritorMarta Cuba

Frutos de oro



¿Pretendéis que me apacigüe? Que domine

este amor ardiente y gozoso, este impulso

hacia la verdad suprema? ¿Que cante

mi canto del cisne al borde del sepulcro

donde os complacéis en encerrarnos vivos?

¡Perdonadme!, mas no obstante el poderoso  impulso que lo arrastra

el oleaje surgente de la vida

hierve impaciente en su angosto lecho

hasta el día en que descansar! en su mar natal.


La viña desdeña los frescos valles,

los afortunados jardines de la Hesperia

solo dan frutos de oro bajo el ardor del relámpago

que penetra como flecha el corazón de la tierra.

¿Por qué moderar el fuego de mi alma

que se abrasa bajo el yugo de esta edad de bronce?

¿Por qué, débiles corazones, querer sacarme

mi elemento de fuego, a mí que solo puedo vivir en el combate?


La vida no está dedicada a la muerte,

ni al letargo el dios que nos inflama.

El sublime genio que nos llega del Éter

no nació para el yugo.

Baja hacia nosotros, se sumerge, se baña

en el torrente del siglo; y dichosa, la náyade

arrastra por un momento al nadador,

que muy pronto emerge, su cabeza ceñida de luces.


F. Hölderlin

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